Kilt – Kitchen Sorcery (Prison Tatt Records, PT 005, 2011)

A pesar de ser tan prolíficos y de ofrecer trabajos de usualmente buena factura, las carreras de los ruidistas que componen el dúo Kilt, Bob Bellerue y Raven Chacon, siguen siendo poco conocidas. El más reciente álbum de este combo, “Kitchen Sorcery,” los muestra consolidando su sonido a través del apego incondicional a la forma libre en una serie de variados despliegues de improvisación, nivelando su falta de seguimiento estructural mediante la constancia de momentos instrumentales de peso.

El empleo dominante de movimientos lentos y relativamente estables -incluso rítmicos por momentos- aplicados a frecuencias graves -a través de lo que parecen ser sintetizadores- sirve para engendrar una atmósfera obliterantemente abrumadora y espesa. Este sencillo artificio funciona además como una suerte de red que prohibe la posibilidad de una caída estrepitosa la mayor parte de las veces.

En lo que refiere al registro, en ninguno de los dos primeros cortes de “Kitchen Sorcery” Kilt llega a latitudes claramente ásperas; sin duda hay momentos de estridencia y abrasión, pero sin llegar jamás a la filosa virulencia del ruido en pleno. El intercambio que establecen Bellerue y Chacon parece estar mayormente basado en la confección de ambientes gruesos y sendas tunélicas de fibrosidades ásperas, que en lo estrepitosamente sórdido. Tal fórmula funciona adecuadamente en los dos primeros cortes; pero aún así, el peso de la incertidumbre formal termina por arrojar momentos de comunicaciones desafortunadas, seguimientos forzados y momentos evidentemente inacabados. Algunos momentos de calma permiten ver con claridad el sencillo jugueteo que la dupla realiza con pulsos sincopados y frecuencias retorcidas. Sus movimientos son lentos y denotan una dinámica poco elaborada. Desgraciadamente para el total del álbum, se vuelve sencillo encontrar indicios de que la comunicación y la constancia adolecen.

El trabajo en estudio, por otro lado, ofrece a “Kitchen Sorcery” ciertas ventajas que no poseen la mayor parte de los trabajos de noise; paneos, momentos de énfasis en algunas de las mejores formulaciones sónicas e incluso algunos overdubbings que dan vigor a la generalidad del trabajo.

El tercer corte, grabado en vivo, repite la fórmula de los anteriores, aunque apoyándose más evidentemente en una suerte de formulación droner a manera de muletilla. Nuevamente, surgen momentos brillantes que se impactan contra otros desafortunados. Con todo, la pesadez y la fuerza de la formulación final, sobre todo tratándose de una grabación en directo, son encomiables. De manera inesperada, sin embargo, se presenta el mejor corte de “Kitchen Sorcery.” La joya de este ábum es un brevísimo e inesperado encore a la presentación, en el cual, conservando la rúbrica grave, Kilt genera un afortunado y dinámico -aunque brevísimo- asalto de harsh noise que observa un peso inusualmente arrollador.

“Kitchen Sorcery” es un disco cuya motivación yace, en buena medida, en la propagación del mensaje de Kilt, algo constatable desde el sencillo hecho de que su presentación viene realizada en cd, en vez de cinta o cdr. Pero lo cuestionable del álbum aparece, precisamente, desde la naturaleza misma de su mensaje; pocos son los combos capaces de ofrecer improvisaciones que sostengan su tortaleza de principio a fin y tal no es el caso de los artífices de este álbum. Lo curioso es, sin embargo, que la formulación en directo se siente tanto más efectiva que la del estudio. ¿Quién sabe? Quizás con el tiempo Kilt sean finalmente capaces de sostener el balance entre espontaneidad y enfoque sónico que hace falta a “Kitchen Sorcery.” (S.S.)

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