The Hototogisu – Floating Japanese Oof! Gardens of the 21st Century… (Important Records, IMPREC307, 2010)

Aún en los momentos más paradigmáticos de Skullflower, la carrera de Matthew Bower se ha basado en su impetuosa y particular capacidad de improvisación. A través de los años, Bower ha tenido la visión suficiente para renovarse y proveer a su público de nuevo y cautivador material, incluso a costa de tener que fundar un nuevo proyecto tras otro ad infinitum. De este modo, formando una especie de puente entre la excelencia psicodélica de su proyecto -y continuación de Skullflower- Sunroof! y un nuevo trayecto de explosividad lisérgica/ruidística, Bower funda en 2000 The Hototogisu, cuya carta de presentación de larga duración al mundo resulta el excelente y cotisadísimo “Cucko Cloudland.”

Pero la extensión y grandilocuencia onírica de este álbum vendría a ser superada poco después por su continuación, el también legendario vinil triple “Floating Japanese Oof! Gardens of the 21st Century…” Tras apenas un par de años de su aparición, este mastodonte sonoro recaudaba cifras superiores al ciento de dólares en ebay y no era para menos. Su factura, cubierta por una nube de esoterismo, es sublime; tres discos en una funda triple ilustrada por las pinturas abstractas de Bower, pegadas a mano con resistol, le dotan de un aire de un apego y alquimia totalmente personales.

Por años. la única manera de hacerse de un atisbo a la naturaleza de este preciado objeto sin tener que desembolsar una buena cantidad fue descargar su audio a través de rips de baja y mediana calidad. Afortunadamente, tras varios años de prometer su nueva puesta en circulación en cualquier tipo de reedición, Important Records ofrece, a partir de 2010, una versión en cd doble que sobriamente reproduce arte y música del original, aunque con una secuencia ligeramente diferente, como era de esperarse tras el cambio de formatos.

A pesar de que cada uno de los temas de “Floating Japanese Oof! Gardens of the 21st Century…” tiene un carácter eminentemente propio, su naturaleza efímera y vagabunda les hace sumamente dificiles de afirmarse en la memoria. Cabe aclarar que éste no se trata del The Hototogisu que abordaría Marcia Bassett (Double Leopards, Zaimph) y que iría tirando cada vez más hacia los excesos ruidosos que caracterizan la mayor parte de su discografía, sino de aquel que revelaba una clara influencia de algunos de los coterráneos de Bower, como Vibracathedral Orchestra y Astral Social Club, y que encontraba el delirio más en la miel que en el veneno.

La naturaleza sónica del álbum, como era de esperarse, tiene por base la improvisación en al menos un par de instrumentos, órganos y guitarras, y viene redondeada por un discreto y efectivo uso de grabaciones preparadas. Voces perdidas y grabaciones que van del paulatino aumento tonal al establecimiento de capas de ruido blanco flotan a lo largo de las grabaciones, ofrendando un aire fantasmal al flujo irreprimible de la ensoñación melódica de Bower.

Los matices de un órgano dulzón -tanto como los de esos organillos que iluminan con sus sonoridades el centro de la Ciudad de México- se alternan con los de guitarras eléctricas afectadas con efusividad por cálidas modulaciones y ecos desentrañables. Lazos y nudos de vocales juguetonas, a veces musitando, a veces desdoblándose alucinantes, hacen crecer este ensueño a través de más de dos horas.

En buena medida, “Floating Japanese Oof! Gardens of the 21st Century…” constituye la oposición a los planteamientos más pragmáticos de las industrias discográficas; el gérmen del que se nutre esta obra es la droga y sus visiones, su orientación apunta hacia la inconsciencia, su virtud no recae en aprovechar el tiempo, sino en buscar el gasto absoluto de éste. Es un somnífero delicioso. Un perfecto tranquilizante que conduce con emoción a la noche y a la calidez de un sueño amniótico. Se trata de una delicada, perfecta muestra de lo imperfecto. Un disco necesario. (S.S.)

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