Anemone Tube – Death Over China (silken tofu, STX.19, Topheth Prophet – TP024, 2011)

A pesar de que ha rondado los páramos del experimentalismo desde 1996, Anemone Tube no es uno de los nombres más conocidos por dichos lares sónicos. Un extenso hiato que comenzara a principios de la década pasada no fue de mucha ayuda en la perpetuación de la fama del proyecto de Stefan Hanser. Pero ésa es apenas una de las muchas razones por las que su regreso en forma, con el audiovisual “Dream Landscape” (silken tofu) en 2010 y, sobre todo, con “Death Over China”, resultara tan sorprendente. Otra de estas razones—la más valiosa—es su calidad.

Desde su fastuosa presentación, en un empaque desdoblable de cinco paneles en papel de alto gramaje, “Death Over China” puntualiza el ahínco con que su factura fue realizada. En lo sónico, el tema del álbum resulta incierto e impersonal—cabe mencionar un cierto tono orientalista condenatorio y hasta apocalíptico enfatizado en los visuales y los títulos—. Con la excepción de dos, los seis temas que le componen están formulados completamente a partir de grabaciones de campo realizadas durante un viaje a China. La musicalidad del álbum queda forjada a través de la manipulación y extrema deformación de estas grabaciones; su estructura orbital, basada en vertiginosos ejercicios de looping, apuesta por la acumulación y una exhaustiva exploración de rangos de timbres y frecuencias.

No hay salida al laberinto de ambientes de “Death Over China”; sus recurrencias mántricas son  agobiantes y sus tintes claramente mórbidos, al escaparse de discursos de predicadores y de otras curiosas elocuciones, como cuando una quebradiza voz articula un temeroso”While there’s still a life, there is a hope”. Voces cuyas velocidades han sido reducidas hasta convertirse en fantasmales graves—”The Announcement (Death Over China)”—, crudas descargas de noise y síntesis oscura—”Prayer Walk”—y graznidos trucados por procesos electrónicos hasta volverse ambientes de recurrencias industriales—”The Desecration from Within”—conforman apenas un mero atisbo al extenso acervo sonoro que conforma esta abrumadora sinfonía de ruido y escombros aurales.

Hanser logra con “Death Over China” un ejemplo muy afortunado de la línea que artistas sonoros como Jason Lescalleet, Christian Renou (Brume) o Jason Crumer han ido forjando y que ha ofrecido geniales frutos en esta última década, una línea de—afortunadamente—incierta denominación, que efectivamente combina la profundidad y la elusividad de la música “educada” contemporánea y la contundencia y la obliteración del noise y del industrialismo. “Death Over China” es un trabajo vital y excelso y no puedo recomendarlo de manera suficiente. (s.s.)

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