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Vasculae – Cultural Primitivism (Monorail Traspassing, mt91cd, 2012)

Desde hace aproximadamente una década, Jon Borges ha sido artífice de un harsh noise de carácter fuerte y peculiar. A través de una discografía peculiarmente granada, Borges ha demostrado poseer un espíritu experimentador perdurable, que en cada nuevo producto ve la posibilidad de renovación. Tras expandir el rango instrumental y compositivo de su más celebrado proyecto, Pedestrian Deposit, Borges exploró una nueva gama de ambientes y texturas bajo nombres como Greater Saga y Without Belonging—junto a Jeff Witscher—, Black Air—en colaboración con Gordon Ashworth y Sam McInlay— y, por supuesto, Emaciator.

Sin embargo, toda esta nueva diversidad propositiva implicó un cierto alejamiento con respecto a la cruda pureza noise que sus primeros trabajos ostentaban. Este relativo abandono de los ideales del noise más extremo coincidió con el de muchos de sus colaboradores y contemporáneos y con el consecuente final de una era rica en trabajos sónicos basados en estudios de texturas, aplastantes yuxtaposiciones de capas de distorsión y parsimoniosas evoluciones—el reinado de Moth Drakula, Impregnable, Oscillating Innards y The Cherry Point, entre otros—. El recrudecimiento del extremismo sónico de esta época—sobre todo en lo que respecta a sus exploraciones de la inmanencia—parece en buena medida haber derivado en lo que se conoce hoy en día como hnw (harsh noise wall).

Pero mientras la escena californiana de la primera década de los 2000 dotaba de un aura inquietante y un inextinguible ímpetu explorador a sus productos, el hnw a la fecha parece no haber sido capaz de trascender la virulencia de una ideología pseudominimalista—que fácilmente podría confundirse con una simplonería rampante en sus peores casos—. Salvo contadas excepciones, el harsh noise—que no es lo mismo que el hnw—está en un pasmoso estado de crisis, confundido entre una dolorosa ignominía por parte del público y las cortinas de humo propuestas a través de derivaciones faltas de carácter.Por ello precisamente se agradece tanto un regreso en forma como el que Borges ofrece con su nuevo proyecto, Vasculae, y su larga duración “Cultural Primitivism”.

“Cultural Primitivism” consta de tres cortes, que se concentran en la conformación de extensos paisajes de ruido, primordialmente basados en estática, distorsión, grabaciones de campo y manipulaciones de efectos. De acuerdo con su propio creador, los originales de los que se extraen los fragmentos que componen estos cortes pertenecían a sendas sesiones ruidísticas de entre 5 y 7 horas de duración. Esto es evidente en los más dramáticos cambios de “Retrograde” y “Sidelong and Full Circle”, temas que comprenden desintegraciones casi absolutas de configuraciones de ruido monolíticas. Estos dos temas avanzan entre 2 y 5 minutos con un mínimo de cambios, dejando fluir de manera caudalosa los requiebres y quebrantos de la estática y forzando al escucha a preguntarse si los granulares movimientos dentro del tema fueron generados por Borges o por su propia imaginación.

Las masas de ruido que Borges crea en “Cultural Primitivism” muestran una cautela inusitada; sus movimientos más feroces se encuentran muy en el fondo, cubiertos por velos de grisaceas ventiscas electromagnéticas. Sus graduaciones tonales son milimétricas y sus cambios de registro no ofrecen sorpresa, sino que se basan en movimientos transitorios congruentes y perfectamente segmentados y consecuentes. “Sidelong and Full Circle”—tema central del álbum—ejemplifica la acentuación de la exploración física que Vasculae propone; su paso desde crujientes túneles de medios y agudos a portentosos y cimbrantes graves dota al tema de una elementalidad eólica y telúrica. El flujo de sus sonidos muestra una libertad hipnótica y cuasi lisérgica, que se siente bien lejana de lo humano, de lo convencionalmente compositivo.

El tema de cierre “The Dying of the Light” por momentos deja entrever algo ligeramente más humano entre lo colosal de sus bloques de ruido. Sin abandonar la recreación elemental, Borges impone un control tanto más claro en sus secuencias de formas, grosores y cauces sónicos. El sonido del harsh noise de Borges es brillante y suavizado por una reverberación siempre presente; su estilo es veloz pero no espasmódico. Sin necesariamente llegar a la fiereza catártica de Macronympha o Incapacitants, Vasculae naturalmente sostiene sus temas por extensiones temporales que llegan a sentirse inacabables.

Muy probablemente “Cultural Primitivism” no termine conviertiéndose en un álbum que produzca un cambio tangencial en la forma de hacer noise en esta aún joven década, pero verdaderamente se trata de una manifestación de la potencia y radicalidad que el harsh noise puede sostener dadas las condiciones adecuadas. Ciertamente, una revaloración del gusto de la intensidad por sí misma no estaría nada mal. (s.s.)

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