Kazuma Kubota - January Thirty

Kazuma Kubota – January Thirty (A Dear Girl Called Wendy, WE19, 2012)

Es bien sabido que los jóvenes noiseros japoneses llevan un peso enorme a cuestas. Los grandes nombres que fungieran como luminarias de la era dorada del llamado japanoise difícilmente cederan su legado a alguien que no esté dispuesto a darlo todo. De los nóveles exponentes circundando aquellos idealizados páramos—algunos fabulosos, ciertamente—Kazuma Kubota ha logrado sostenerse como el más notable. Baste escuchar el recopilatorio “Past” (dotsmark, 2011) de su proyecto Bloody Letter para comprender sus alcances a brevedad.

Optando por dar crédito a su propio nombre en ocasión de su nuevo trabajo “January Thirty”, Kubota aprovecha el reducido espacio que le brinda un solo lado de un 12″ para sustanciar una de las más abigarradas descargas de harsh noise que hayan sido producidas en tiempos recientes. “January Thirty” es quince minutos de andanadas de ruido que reverberan claras y precisas a un grado rayano en lo barroco. Kubota centra el total del aspecto instrumental del trabajo en lineas moduladas y deformadas en vivo.

Kubota rehúye con vehemencia algunos de los artificios más comúnes del género. En vez de escudarse tras paredes de ruido loopeadas o de una distorsión sofocante, produce una serie de sonidos tan prólijos que permiten ver con exactitud las varias disposiciones de las maquinarias que le dan forma a sus movimientos. Las entradas y salidas de delays, distorsiones, cortes de corriente y filtros ligeros son prístinas y permiten ahondar en la maestría con que este ruidista controla las evoluciones que propone.

Con todo, “January Thirty” no está centrado exclusivamente en esta vertiente particular del harsh noise; en este 12″ además aparecen elementos tales como el collage, atmósferas sintéticas a la new wave—marca registrada de Pedestrian Deposit e Impregnable—y las grabaciones de campo, aunque, siendo justos, de una manera tan intermitente que resulta casi anecdótica. Las intercalaciones de fragmentos provenientes de otras sesiones le otorgan un aire surreal, aunque bien podrían tratarse meramente de—muy bien organizados—disparos de algún sampler. Los cortes abruptos y espasmódicos están siempre aderezados por un uso incisivo de reverberación que le agrega un toque metálico al total, aunque también elimina la concreción de las descargas ligeramente. La función de las melodías y las grabaciones de campo parece ser la de forzar transiciones. Éstas a veces resultan afortunadas y otras no, pero cualquiera que haya intentado forjar aleaciones de harsh noise con prácticamente cualquier otro elemento de distinta naturaleza sabe cuán terriblemente difícil es lograrlo. Vale el intento por sí mismo.

Kazuma Kubota es un fiel creyente del harsh noise. En sus producciones hay trabajo, cuidado y pasión. Cierto, el harsh noise puede llegar a ser visto como un radicalismo cerrado, sumamente limitado, pero esto se debe sobre todo a las propias limitantes de sus intérpretes. Así que ojalá vengan más noiseros como este señor, que con cada nuevo producto genera más y más interesantes posibilidades.

ss

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