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Miguel A. García – La axacra (XEDH, RMOMAG02, 2013)

A pesar de haber desandado caminos bien distintos, Miguel A. García ha llegado a rincones parecidos a los que experimentalistas como Jeph Jerman, Small Cruel Party o Yeast Culture exploraran hacia finales de los años ochentas. Su viaje es a través de regiones sónicas que han desterrado los efectismos más sobados de la música electrónica “experimental” y que se concentran en las texturas subyacentes en los recovecos más oscuros de un sistema sonoro hermético. Su más reciente trabajo, titulado ” La axacra”, es un disco cuya escucha exige atención, puesto que exhibe pura filigrana aural, huidiza y engañosa en su complejidad.

En “La axacra”, la importancia del rol actuante es cuestionada. Si bien la configuración compositiva brilla en el planteamiento de transiciones efectivas, García tiene el buen sentido de dejar que los sonidos se desenvuelvan por sí solos ante el escucha, sin demasiada intervención de por medio.

Conforme los temas se suceden, se suceden también movimientos de cercanía y alejamiento con respecto a la familiaridad de los sonidos: pululan crujidos metálicos, interferencias, gis, feedback, repiqueos metálicos que pretenden—o no—ser incidentales. De no ser por sus pecualiares concatenaciones y por el espectro de movilidad sugerido por paneos constantes, muchos de estos ruidos podrían confundirse con los que le son propios a un ambiente citadino cualquiera.

En “Sorgina beltz”, García se toma su tiempo para hilvanar delicados lazos texturales, atrayendo capas aurales entre sí y luego desperdigándolas o soltándolas hacia la unicidad de una monotonía que permite en su proceder la formulación de nuevas y fantasmales—ilusiones de—configuraciones. En “Monnom”, Miguel emplea sus estructuras más musicalizantes al forzar súbitos giros entre sonidos que, por sí mismos, parecen tener poco de humanos. Conforme van asentándose en la extensa composición, cada uno de los elementos—casi inevitablemente—devela tonalidades, timbres y formas que forjan inesperados sentidos a pesar de su, apenas en apariencia, artificial naturaleza.

“La axacra” posee una lógica profunda, dueña de un flujo compositivo que invierte tanto en la exploración y observación de lo que debería ser incidental (e.g. gis, crujidos, golpeteos aparentemente accidentales , fétidas frecuencias nebulosas), cuanto en la formulación de furtivas y precisas dinámicas, logrando con ello un disco cautivador e hipnótico. (s.s.) 

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