Archive for agosto, 2013


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Xiphoid Dementia – Secular Hymns (Malignant Records, Tumor CD61, 2012)

Xiphoid Dementia es un nombre que es generalmente asociado con la generación de complejas composiciones sónicas basadas en combinaciones de elementos de noise y power electronics, al optar en sus discos por un trabajo de producción exhaustivo sin dejar de lado el elemento muscular que alimenta a las mejores creaciones post-industriales. En los cuatro cortes que conforman “Secular Hymns”, se destienden decenas de fuentes sonoras que provienen lo mismo de obvios sampleos cinematográficos que de granulares paredes de ruido, sintetizadores, tratamientos digitales y procesos de generación menos sencillos de precisar. Se trata de material que, en cada uno de sus eternamente cambiantes instantes, alude a un industrialismo recalcitrante, aunque desde un posicionamiento tan único que resulta difícil de equiparar. Los caminos que sigue cada uno de los temas atraviesan por impredecibles dinámicas, dictadas por la naturaleza timbral y rítmica de las fuentes sonoras. Y éstas resultan ser tantas que remiten con facilidad a una rítmica visual, cinematográfica.

“Abortion Rites” posee en sus primeros momentos una estructuración y un flujo que serían fáciles de emparentar con las de un soundtrack; los fondos de sintetizadores oscuros referencian—incluso burdamente—la oscuridad del terror cinematográfico y se amalgaman acompasadamente al maelstrom de noise que va forjándose fluctuante en las capas más profundas y que termina adquiriendo preminencia subsecuentemente, a manera de un portentoso caos violento y voraz.  Lo lúgubre, por mencionar otro ejemplo del carácter visual de este álbum, es parte intrínseca de “My Time Will Never Come” y queda de manifiesto en las precisas y secas recurrencias de sampleos maquinales, sonidos de proveniencia evidentemente acústica (campanas y metales agitados y martilleados) y los límpidos patrones melódicos de teclados. Por otro lado, los ambientes más—sórdidamente—paisajistas son rúbrica de “What You Believe” , así como lo es una estable y certera serie de evoluciones, aunque compuestas, nuevamente, de una extensa gama de combinaciones y disposiciones sónicas.

Ciertamente, la mayor fortaleza de “Secular Hymns” radica en el cuidadoso trabajo de ambientes que presenta. En sus mejores momentos, el sonido verdaderamente logra convertirse en fríos yermos o en cáusticas ventiscas. La parte inicial de “What You Believe”, por ejemplo, es verdaderamente impactante, con su paulatina acumulación de sibilantes ventiscas y timbres metálicos.  Las furtivas y poderosas dinámicas noiseras de este álbum constituyen uno de sus puntos álgidos, asimismo. Las descargas de sangrante distorsión de “Abortion Rites” o las, más moderadas, del final de “Breathe” son muestra de una adecuada y poderosa cimentación de elementos ruidísticos en una composición de ambiciones extensas.

Pero “Secular Hymns” dista por mucho de ser un álbum perfecto. Sus principales debilidades yacen en una excesiva superposición de sonidos, que termina por generar una obliteración espesísima en momentos claves de algunos de los temas (hacia el final de “What You Believe” que parece, más que cerrar, estar siendo echada por la borda), y en los elementos más musicales, los cuales, en los menos afortunados momentos del trabajo—el final de “My Time Will Never Come”, por ejemplo—convergen nuevamente en un aglomeramiento torpe y destructivo. Los sintetizadores a la new age empleados en dichos instantes pecan de una dulzura empalagosa mientras que un intento de despliegue de prodigiosidad hace en algunos momentos casi imposible identificar la dirección que el tema pretende seguir.

En suma, “Secular Hymns” es un álbum que sorprende por sus ambiciones y sus medios; el producto final devela un trabajo intensivo de recolección, ejecución y procesamiento sonoro. Claro, la premura por articular cambios de manera tan constante inevitablemente deviene en un aprovechamiento menor al ideal de los materia sónica empleada, pero, con todo, la calidad y el arrojo del trabajo siguen siendo superiores a los de la gran mayoría. (s.s.)

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Pharmakon – Abandon (Sacred Bones Records, SBR-099, 2013)

Margaret Chardiet es Pharmakon, uno de los proyectos suscritos al subsuelo post-industrial que más curiosidad ha provocado a la prensa comercial recientemente, tal como evidencian notas y reseñas aparecidas en revistas electrónicas corporativas como Spin y Pitchfork. Sobra especular acerca de las posibles—y más vulgares—razones de estos inusuales sucesos, y vale concentrarse en que Pharmakon produce temas fuertes y concisos sin quebrantar la ferocidad de sus interpretaciones por visos de ambición.

Para quien le quede duda, sería recomendable escuchar “Abandon”, su debut de larga duración. En esta colección de temas, Chardiet demuestra una esmerada continencia en la elección de sus elementos sónicos. Siguiendo las convenciones más fundamentales del p. e., Pharmakon se concentra en una paleta aural que, por una parte, potencia la contundencia rítmica a través de la repetición mecánica, mientras que por otra, genera un efecto de mayor sordidez mediante el casi nulo desarrollo de los sonidos más persistentes (feedback o invariables tonos agudos sobre todo) que se alían a un uso casi narrativo de las vocales.

En los–pocos–momentos menos atribulados de “Milkweed /It Hangs Heavy” y “Ache”, las vocales de Chardiet recuerdan a las que Anna Wildsmith empleara en su proyecto Sow en su sensualidad y tersura. Pero cabe insistir que las más de las veces, las vocales retratadas en este álbum no son sino alaridos, que tras el escozor poseen un valor instrumental bien claro en cada uno de los tema. La propia apertura de “Abandon” es eso, pues, un alarido que sirve para dar una buena idea de lo que está por venir.

La cara A, la que contiene los dos temas mencionados, devela un certero ejercicio en contención. Ambos cortes retraen sus dinámicas optando por una acumulación de tensiones que solamente se recrudecen, gracias a una voz que va retorciendo sus proyecciones hasta llegar al extremo. Las recurrencias maquinales terminan por hacer de “Ache” un tema violento y regresivo, que a través de su paso orbital intensifica su cualidad inquietante.

Los tracks que conforman el anverso se agrupan en torno a una progresión mucho más convencionalmente musical. Las percusiones de “Pitted” son puro industrial clásico: laminares, lentas y reverberantes, por no decir severamente contagiosas; las vocales son largas como aullidos e inevitablemente remiten a Jarboe circa “Children of God”. “Crawling on Bruised Knees” cierra el álbum, con otra narración pasadillesca, enfocada en un imaginario sensorial y elemental. El flujo es lento y contenido; percusiones lentas y pesadas guían las vocales, las cuales resultan extremadamente convencionales en el empleo de un flanger sobrecargado (igual al que prácticamente todo intérprete de p.e. ha empleado en algún momento).

“Abandon” resulta una muestra coherente del trabajo de Pharmakon, que permite ver cómo la base de sus proyecciones no es explotar convenciones genéricas, sino que éstas ya son de por sí parte de un lenguaje desarrollado y articulado de un modo muy personal. Si es que aún pertenece al p.e., Pharmakon brinda al género lo mismo que toma y, sobre todo, propone vertientes más o menos frescas en un entorno excesivamente dogmático. Seguramente valdrá la pena ver a dónde se dirigirá. (s.s.)

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Abandoned Asylum – Derelicts of Distant Hope (Malignant Records, TUMORCD63, 2013)

En su debut, Abandoned Asylum se encarga de reciclar las visiones sónicas formuladas por Brian Lustmord en “The Place Where the Dark Stars Meet”, afortunadamente. Y escribo afortunadamente porque en lo personal encuentro apenas ligeramente más degustable el dark ambient que tiende hacia frígidas visiones de intimidantes alucinaciones espaciales, que aquél que hace irrefrenable uso de gimmicks tétricos que parecen arrancados de películas de terror.

Fuera de eso, pasa lo habitual: “Derelicts of Distant Hope” pide una escucha introspectiva, como si se tratase de una conducción hipnótica a través del imaginario cósmico del oyente. Hay una proliferación de texturas tersas, de obvias referencialidades estelares y tétricas; hay elementos que se suponen difíciles de desentrañar (las vocales hechas trizas en “Interstellar Transmissions”; los mesurados juegos tonales con lo que parece ser una guitarra en “Shades of Nebullar Images”; los insistentes repiqueos metálicos repletos de reverberaciones a lo largo del disco); hay parsimoniosas dinámicas que pretenden invitar a soñar y, si no, meramente a imaginar.

La base, como cabe esperarse, es una síntesis espesa que dota de un cuerpo casi tangible a la complitud de los temas, cuidadosamente masterizados por John Stillings. De allí las variaciones van de morosas melodías proto new age (“Shades…”; “Pathway from Nothingness”) a ominosas elucubraciones espaciales (“Drifting in Constant Eclipse”; “Echoes of Forgotten Origin”). La cosa mejora hacia los temas finales, que parecen más cercanos a una concentración droner que a la habilitación ad nauseaum del mismo sistema aural; el que cierra, “Storms in the Endless Void”, es particularmente destacado puesto que permite que un carácter plenamente distintivo emerja hacia la superficie, mientras el background se extiende a través de una amplia gama de frecuencias. Desafortunadamente, para cuando el tema parece estar llegando a algo, el disco termina con él.

“Derelicts of Distant Hope” es un disco cuyas ambiciones parecen residir en una necesidad de pertenencia con respecto a un sistema sonoro bien delineado y, si bien esto se logra con creces, el interés que pueda llegar a despertar en un escucha no asiduo a este género sónico, difícilmente podra llegar mucho más lejos. (s.s.)

HRTZ

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