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Vulgar Disease – Odio, caos y destrucción (Turgid Animal Italian Division, TA592, 2012)

Hoy por hoy, Mario Quiroga es uno de los más fuertes exponentes de música experimental extrema—llámese noise, power electronics. industrial, etc.—de México. Desgraciadamente también es uno de los más elusivos, como demuestra su casi nula presencia en el vibrante circuito que se ha gestado recientemente en el país. Quienes hayan tenido la fortuna de presenciar sus performances en la Galería Interferencial (2009) del DF y en las dos primeras ediciones del Noise Fest de Puebla (2009 y 2010, respectivamente) podrán ofrecer testimonio del intimidatorio y férreo carácter que las actuaciones de Quiroga poseen al establecerse como una suerte de militante contraposición a la parsimoniosa intelectualidad con que se desenvuelven la mayoría de las presentaciones de música experimental por estos lares.

Su proyecto principal, Vulgar Disease, fue precisamente aquél con que se presentara en las fechas mencionadas. Vulgar Disease se apega sin dificultad al recalcitrante canon sónico del power electronics, a pesar de que esté basado en secuencias y timbres propulsados desde un ordenador. Su sonido posee ese vibrante extra que viene del ingenio de no poseer los instrumentos “necesarios” o “adecuados” para su generación. Y este ingenio ha sido afortunadamente reconocido fuera de nuestras fronteras, pese a la habitual ignominia local.

“Odio, caos y destrucción” es parte del aluvión de sus más recientes trabajos, en este caso para la división italiana de la ya legendaria disquera Turgid Animal. Se trata de una cinta de larga duración (¿60 mins?) cuya cubierta ha sido diseñada por el dueño de la disquera, Nicola Vinciguerra—también conocido por su trabajo en Fecalove y Splinter Vs Stalin—; este cassette efectivamente captura la vehemencia de Quiroga: los momentos que remiten a articulaciones discretas son mínimos. En cambio, la mayor parte del tiempo, Quiroga empuja los niveles tan arriba como le es posible.

El resultado es una colección de nueve temas que parte de una serie de descargas relativamente claras, hasta abandonarse en momentos de perfecta brutalidad lo-fi, con ataques de recalcitrantes medios y rugosos graves que aplastan al resto de las frecuencias que intentan abrirse paso entre el caos. Temas como “El poder del machete” o “Miss Narco” hacen gala de enérgicas vocales, fulminantes juegos con feedback controlado y efectivamente delineadas sendas de distorsión modulada. A diferencia de las recurrencias y la estabilidad caraterísticas del grueso del p.e. europeo actual, temas como los incluidos en esta cinta no permiten el desarrollo de temáticas lúgubres u opresivas—quizá con la excpeción de “Harsh Pipe”, que resulta el tema más débil del álbum por eso mismo—, sino que centran su dominio en un movimiento frugal, tanto más cercano al harsh noise. Por momentos, las vocales se vuelven incluso una nulidad y es apenas una cierta feroz recurrencia granular la que conecta con algo remotamente estructural, como en “Huitzilopochtli I”, donde el abandono hacia la degradación ruidística es un absoluto.

Los tres cortes que cierran “Odio, caos y destrucción” aparentan ser una celebración de la ortodoxia p.e. A través de estos temas, los sonidos van tornándose cada vez más herrumbrosos, hasta llegar al telúrico “Tzompantli”, que bien podría estar haciendo una referencia sónica a Grey Wolves o al primer Genocide Organ, con sus virulentas vocales sepultadas en el feedback del delay y una espesa masa de ruido grave que no traza formas, sino que reproduce cúmulos y saturaciones de sonoridades tóxicas.

Ciertamente, “Odio, caos y destrucción” no se trata de un trabajo que vaya a reformular el género; sobra dudar que tal haya sido su planteamiento de cualquier forma. Lo que sí posee esta cinta es una devoción a los sonidos que presenta; es decir, las formulaciones de una persona que domina el medio que ha decidido seguir de manera vibrante y llena de convicción. Incluye chile (en serio). ss