Category: reseñas


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Xiphoid Dementia – Secular Hymns (Malignant Records, Tumor CD61, 2012)

Xiphoid Dementia es un nombre que es generalmente asociado con la generación de complejas composiciones sónicas basadas en combinaciones de elementos de noise y power electronics, al optar en sus discos por un trabajo de producción exhaustivo sin dejar de lado el elemento muscular que alimenta a las mejores creaciones post-industriales. En los cuatro cortes que conforman “Secular Hymns”, se destienden decenas de fuentes sonoras que provienen lo mismo de obvios sampleos cinematográficos que de granulares paredes de ruido, sintetizadores, tratamientos digitales y procesos de generación menos sencillos de precisar. Se trata de material que, en cada uno de sus eternamente cambiantes instantes, alude a un industrialismo recalcitrante, aunque desde un posicionamiento tan único que resulta difícil de equiparar. Los caminos que sigue cada uno de los temas atraviesan por impredecibles dinámicas, dictadas por la naturaleza timbral y rítmica de las fuentes sonoras. Y éstas resultan ser tantas que remiten con facilidad a una rítmica visual, cinematográfica.

“Abortion Rites” posee en sus primeros momentos una estructuración y un flujo que serían fáciles de emparentar con las de un soundtrack; los fondos de sintetizadores oscuros referencian—incluso burdamente—la oscuridad del terror cinematográfico y se amalgaman acompasadamente al maelstrom de noise que va forjándose fluctuante en las capas más profundas y que termina adquiriendo preminencia subsecuentemente, a manera de un portentoso caos violento y voraz.  Lo lúgubre, por mencionar otro ejemplo del carácter visual de este álbum, es parte intrínseca de “My Time Will Never Come” y queda de manifiesto en las precisas y secas recurrencias de sampleos maquinales, sonidos de proveniencia evidentemente acústica (campanas y metales agitados y martilleados) y los límpidos patrones melódicos de teclados. Por otro lado, los ambientes más—sórdidamente—paisajistas son rúbrica de “What You Believe” , así como lo es una estable y certera serie de evoluciones, aunque compuestas, nuevamente, de una extensa gama de combinaciones y disposiciones sónicas.

Ciertamente, la mayor fortaleza de “Secular Hymns” radica en el cuidadoso trabajo de ambientes que presenta. En sus mejores momentos, el sonido verdaderamente logra convertirse en fríos yermos o en cáusticas ventiscas. La parte inicial de “What You Believe”, por ejemplo, es verdaderamente impactante, con su paulatina acumulación de sibilantes ventiscas y timbres metálicos.  Las furtivas y poderosas dinámicas noiseras de este álbum constituyen uno de sus puntos álgidos, asimismo. Las descargas de sangrante distorsión de “Abortion Rites” o las, más moderadas, del final de “Breathe” son muestra de una adecuada y poderosa cimentación de elementos ruidísticos en una composición de ambiciones extensas.

Pero “Secular Hymns” dista por mucho de ser un álbum perfecto. Sus principales debilidades yacen en una excesiva superposición de sonidos, que termina por generar una obliteración espesísima en momentos claves de algunos de los temas (hacia el final de “What You Believe” que parece, más que cerrar, estar siendo echada por la borda), y en los elementos más musicales, los cuales, en los menos afortunados momentos del trabajo—el final de “My Time Will Never Come”, por ejemplo—convergen nuevamente en un aglomeramiento torpe y destructivo. Los sintetizadores a la new age empleados en dichos instantes pecan de una dulzura empalagosa mientras que un intento de despliegue de prodigiosidad hace en algunos momentos casi imposible identificar la dirección que el tema pretende seguir.

En suma, “Secular Hymns” es un álbum que sorprende por sus ambiciones y sus medios; el producto final devela un trabajo intensivo de recolección, ejecución y procesamiento sonoro. Claro, la premura por articular cambios de manera tan constante inevitablemente deviene en un aprovechamiento menor al ideal de los materia sónica empleada, pero, con todo, la calidad y el arrojo del trabajo siguen siendo superiores a los de la gran mayoría. (s.s.)

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Pharmakon – Abandon (Sacred Bones Records, SBR-099, 2013)

Margaret Chardiet es Pharmakon, uno de los proyectos suscritos al subsuelo post-industrial que más curiosidad ha provocado a la prensa comercial recientemente, tal como evidencian notas y reseñas aparecidas en revistas electrónicas corporativas como Spin y Pitchfork. Sobra especular acerca de las posibles—y más vulgares—razones de estos inusuales sucesos, y vale concentrarse en que Pharmakon produce temas fuertes y concisos sin quebrantar la ferocidad de sus interpretaciones por visos de ambición.

Para quien le quede duda, sería recomendable escuchar “Abandon”, su debut de larga duración. En esta colección de temas, Chardiet demuestra una esmerada continencia en la elección de sus elementos sónicos. Siguiendo las convenciones más fundamentales del p. e., Pharmakon se concentra en una paleta aural que, por una parte, potencia la contundencia rítmica a través de la repetición mecánica, mientras que por otra, genera un efecto de mayor sordidez mediante el casi nulo desarrollo de los sonidos más persistentes (feedback o invariables tonos agudos sobre todo) que se alían a un uso casi narrativo de las vocales.

En los–pocos–momentos menos atribulados de “Milkweed /It Hangs Heavy” y “Ache”, las vocales de Chardiet recuerdan a las que Anna Wildsmith empleara en su proyecto Sow en su sensualidad y tersura. Pero cabe insistir que las más de las veces, las vocales retratadas en este álbum no son sino alaridos, que tras el escozor poseen un valor instrumental bien claro en cada uno de los tema. La propia apertura de “Abandon” es eso, pues, un alarido que sirve para dar una buena idea de lo que está por venir.

La cara A, la que contiene los dos temas mencionados, devela un certero ejercicio en contención. Ambos cortes retraen sus dinámicas optando por una acumulación de tensiones que solamente se recrudecen, gracias a una voz que va retorciendo sus proyecciones hasta llegar al extremo. Las recurrencias maquinales terminan por hacer de “Ache” un tema violento y regresivo, que a través de su paso orbital intensifica su cualidad inquietante.

Los tracks que conforman el anverso se agrupan en torno a una progresión mucho más convencionalmente musical. Las percusiones de “Pitted” son puro industrial clásico: laminares, lentas y reverberantes, por no decir severamente contagiosas; las vocales son largas como aullidos e inevitablemente remiten a Jarboe circa “Children of God”. “Crawling on Bruised Knees” cierra el álbum, con otra narración pasadillesca, enfocada en un imaginario sensorial y elemental. El flujo es lento y contenido; percusiones lentas y pesadas guían las vocales, las cuales resultan extremadamente convencionales en el empleo de un flanger sobrecargado (igual al que prácticamente todo intérprete de p.e. ha empleado en algún momento).

“Abandon” resulta una muestra coherente del trabajo de Pharmakon, que permite ver cómo la base de sus proyecciones no es explotar convenciones genéricas, sino que éstas ya son de por sí parte de un lenguaje desarrollado y articulado de un modo muy personal. Si es que aún pertenece al p.e., Pharmakon brinda al género lo mismo que toma y, sobre todo, propone vertientes más o menos frescas en un entorno excesivamente dogmático. Seguramente valdrá la pena ver a dónde se dirigirá. (s.s.)

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Abandoned Asylum – Derelicts of Distant Hope (Malignant Records, TUMORCD63, 2013)

En su debut, Abandoned Asylum se encarga de reciclar las visiones sónicas formuladas por Brian Lustmord en “The Place Where the Dark Stars Meet”, afortunadamente. Y escribo afortunadamente porque en lo personal encuentro apenas ligeramente más degustable el dark ambient que tiende hacia frígidas visiones de intimidantes alucinaciones espaciales, que aquél que hace irrefrenable uso de gimmicks tétricos que parecen arrancados de películas de terror.

Fuera de eso, pasa lo habitual: “Derelicts of Distant Hope” pide una escucha introspectiva, como si se tratase de una conducción hipnótica a través del imaginario cósmico del oyente. Hay una proliferación de texturas tersas, de obvias referencialidades estelares y tétricas; hay elementos que se suponen difíciles de desentrañar (las vocales hechas trizas en “Interstellar Transmissions”; los mesurados juegos tonales con lo que parece ser una guitarra en “Shades of Nebullar Images”; los insistentes repiqueos metálicos repletos de reverberaciones a lo largo del disco); hay parsimoniosas dinámicas que pretenden invitar a soñar y, si no, meramente a imaginar.

La base, como cabe esperarse, es una síntesis espesa que dota de un cuerpo casi tangible a la complitud de los temas, cuidadosamente masterizados por John Stillings. De allí las variaciones van de morosas melodías proto new age (“Shades…”; “Pathway from Nothingness”) a ominosas elucubraciones espaciales (“Drifting in Constant Eclipse”; “Echoes of Forgotten Origin”). La cosa mejora hacia los temas finales, que parecen más cercanos a una concentración droner que a la habilitación ad nauseaum del mismo sistema aural; el que cierra, “Storms in the Endless Void”, es particularmente destacado puesto que permite que un carácter plenamente distintivo emerja hacia la superficie, mientras el background se extiende a través de una amplia gama de frecuencias. Desafortunadamente, para cuando el tema parece estar llegando a algo, el disco termina con él.

“Derelicts of Distant Hope” es un disco cuyas ambiciones parecen residir en una necesidad de pertenencia con respecto a un sistema sonoro bien delineado y, si bien esto se logra con creces, el interés que pueda llegar a despertar en un escucha no asiduo a este género sónico, difícilmente podra llegar mucho más lejos. (s.s.)

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Miguel A. García – La axacra (XEDH, RMOMAG02, 2013)

A pesar de haber desandado caminos bien distintos, Miguel A. García ha llegado a rincones parecidos a los que experimentalistas como Jeph Jerman, Small Cruel Party o Yeast Culture exploraran hacia finales de los años ochentas. Su viaje es a través de regiones sónicas que han desterrado los efectismos más sobados de la música electrónica “experimental” y que se concentran en las texturas subyacentes en los recovecos más oscuros de un sistema sonoro hermético. Su más reciente trabajo, titulado ” La axacra”, es un disco cuya escucha exige atención, puesto que exhibe pura filigrana aural, huidiza y engañosa en su complejidad.

En “La axacra”, la importancia del rol actuante es cuestionada. Si bien la configuración compositiva brilla en el planteamiento de transiciones efectivas, García tiene el buen sentido de dejar que los sonidos se desenvuelvan por sí solos ante el escucha, sin demasiada intervención de por medio.

Conforme los temas se suceden, se suceden también movimientos de cercanía y alejamiento con respecto a la familiaridad de los sonidos: pululan crujidos metálicos, interferencias, gis, feedback, repiqueos metálicos que pretenden—o no—ser incidentales. De no ser por sus pecualiares concatenaciones y por el espectro de movilidad sugerido por paneos constantes, muchos de estos ruidos podrían confundirse con los que le son propios a un ambiente citadino cualquiera.

En “Sorgina beltz”, García se toma su tiempo para hilvanar delicados lazos texturales, atrayendo capas aurales entre sí y luego desperdigándolas o soltándolas hacia la unicidad de una monotonía que permite en su proceder la formulación de nuevas y fantasmales—ilusiones de—configuraciones. En “Monnom”, Miguel emplea sus estructuras más musicalizantes al forzar súbitos giros entre sonidos que, por sí mismos, parecen tener poco de humanos. Conforme van asentándose en la extensa composición, cada uno de los elementos—casi inevitablemente—devela tonalidades, timbres y formas que forjan inesperados sentidos a pesar de su, apenas en apariencia, artificial naturaleza.

“La axacra” posee una lógica profunda, dueña de un flujo compositivo que invierte tanto en la exploración y observación de lo que debería ser incidental (e.g. gis, crujidos, golpeteos aparentemente accidentales , fétidas frecuencias nebulosas), cuanto en la formulación de furtivas y precisas dinámicas, logrando con ello un disco cautivador e hipnótico. (s.s.) 

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S.P.K. – Field Report San Francisco (therapeutic / adverse recordings, opspk 1, 2013)

No cesa de sorprenderme que sigan apareciendo registros de la historia en directo de aquella piedra angular de la música industrial que fuera SPK. Después de que Vinyl-On-Demand registrara la historia en vivo de este combo asutraliano (con—nada más—una box set de seis vinilos que exploran algunos de sus bootlegs más legendarios y de sus releases independientes más oscuros), hubiera parecido inútil cualquier intento de continuar con este legado documental. No obstante, “Field Report San Francisco” aparece de manera totalmente inesperada con una calidad y complitud que hacen preguntarse cómo es que tal grabación se mantuvo desaparecida por más de treinta años.

“Field Report San Francisco” incluye un concierto completo de una de las etapas más nebulosas y primigenias de la banda australiana, aquella en que su discografía consistía apenas de esos tres esenciales singles (“Faktory”, “Mekano” y “No More”, todos editados en 1979 por Side Effects), el long play “Information Overload Unit” (Side Effects, 1981) y la cotizada cinta “Live at the Crypt” (Sterile Records, 1981).

Precisamente, con respecto a ésta última, “Field Report San Francisco” observa un paralelismo claro; entre ambas presentaciones hay apenas un mes de diferencia, por lo que no sorprende que la secuencia de temas resulte casi idéntica (este CD incluye además otro clásico de los conciertos de SPK, “Last Night of Tibet”, y una versión instrumental en estudio de “Serenace”).

Lo que resulta particularmente encomiable de este recién develado documento es que la calidad de su grabación, en comparación con la de la clásica cinta de Sterile Records, es avasalladoramente superior. La limpieza de la reproducción permite al escucha sumergirse en la potencia y los detalles que hicieron a SPK la leyenda que son. La minuciosidad con que planteaban un sonido igualmente sórdido y muscular queda de manifiesto y cada uno de los temas tiene oportunidad de comunicar su identidad sónica con una claridad más que aceptable.

En lo que refiere a los temas, pues, ¿qué decir? Cualquiera ligeramente familiarizado con la historia de la música industrial reconocerá hasta qué grado SPK han sido relevantes en el desarrollo de ese sonido característicamente maquinal, abrasivo, experimental y verdaderamente perturbador—inclusive con respecto a las aportaciones sónicas de  contemporáneos como Throbbing Gristle y Cabaret Voltaire—. Su adecuación de patrones sónicos extremos a un formato “pop”—estirando el término casi hasta hacerlo reventar—les permitiría conformar un panorama sonoro igualmente tóxico en contenidos sonoros que eficiente en términos estructurales.

La etapa registrada en este disco ve a SPK en plena transición de un sonido febrílmente violento y contagioso—fuertemente influido por la cercana virulencia del punk rock y la efusividad de la escena australiana de inicios de los ochentas—a uno un tanto más parco y frío—que quedaría perfectamente definido en el posterior y extremadamente necesario “Leichenschrei” (Thermidor, 1982).

La secuencia presentada en “Field Report San Francisco” documenta dichas cualidades a la perfección: Cuatro pulsantes y ruidosos cortes arrancados del lp debut de la banda se intercalan fluidamente con otros cuatro que nunca serían producidos en estudio de manera íntegra, pero que constituyen parte fundamental del catálogo de los bootlegs que por años definirían el legado más underground de SPK. Su peculiar ordenamiento en el recital decididamente obedece nociones de efecto y teatralidad, pero que no implican atenuación alguna.

“Berufsverbot”, abriendo, introduce el elemento energético y rítmico, aún con relativa timidez. “Emanation Machine R. Gie 1916” (que según un servidor es una de las primeras muestras de un ruidismo industrial óptimamente puesto en marcha) encuentra aquí un registro idóneo, tanto más cáustico y ensordecedor que el original. “Ground Zero: Infinity Dose”, “Stammheim Torturkammer” y “Serenace” persisten en la generación de patrones rítmicos maquinales y monótonos y en la exploración de frecuencias auralmente erosivas. Las vocales fluctuantes en estas piezas pasan de la casi absoluta desintegración generada por la excesiva distorsión a la furia pseudo-marcial, mientras que los sampleos de reportes médicos como elementos introductorios comienzan a adquirir, del mismo modo, su estatus como convención a partir de su todavía primordial uso en algunos de estos temas.

“John”, tema que rescata grabaciones de lo que parece ser una cinta de enseñanza de inglés, apenas posee breves intromisiones instrumentales y se muestra como uno de los temas más inquietantes del set, gracias a un uso de sampleos ambiguamente ingenuo—dadas las herramientas disponibles en la época—y sorprendentemente logrado, debido a la extrañeza de las intercalaciones de los fragmentos y de su propia naturaleza. Este tema sirve además como descanso entre la primera, brutal secuencia de temas y un declive que llega nuevamente cargado de electrónica agreste y mecánicas pulsaciones rítmicas con “Viktim”. “The Last Night of Tibet” resulta el tema más minimal de todo el set, optando por percusiones metálicas monótonas aliadas a un uso crudo, proto-noisero de espesas capas de distorsión. Como ya se ha mencionado, una versión instrumental en estudio de “Serenace” funge como cierre y adendo al de por sí suficiente trago de ponzoña de “Field Report San Francisco”; su ejecución, prólija y certera, resulta apenas un eco de la toma virulenta y visceral que fuera registrada durante el concierto, pero vaya que si resulta una inesperada sorpresa.

A pesar de todas las cualidades enunciadas en esta reseña, resulta obligado puntualizar que “Field Report San Francisco” posee un espíritu primordialmente documental. Antes de acercarse a éste u otros documentos que busquen recuperar el casi secreto legado de SPK, sería buena idea hacerse de los materiales de estudio mencionados en esta reseña, los cuales han seguido siendo relativamente fáciles de localizar gracias a las múltiples reediciones de MUTE y su—¿extinta?—filial, The Grey Area. Con todo, dada la rareza que implica la publicación semi-legítima de material original de una de las primeras y mejores alineaciones de esta legendaria banda, para iniciados y curiosos se tratará de material que definitivamente no defraudará (y que probablemente durará muy poco en el mercado). (s.s.)

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Deathstench – Massed in Black Shadow (Black Plague Productions, INFECT 11, 2012)

El crossover noise-metal no se trata de algo nuevo: Stalaggh, Wire Werewolves y, por supuesto, Gnaw Their Tongues, junto a decenas de bandas más han intentado combinar las más decadentes extremidades de ambos mundos con resultados no siempre afortunados. Como ávido seguidor de una de estas corrientes—el noise, por supuesto—, encuentro difícil hallar gusto ante la cercanía de aquella otra abrumadora y compleja veta, tan dueña de sus propias formas y retóricas como es el metal. Con todo, sería estúpido ignorar el influjo del metal en algunos de los más portentosos artistas que navegan las olas  del industrialismo: Wolf Eyes, Bloodyminded, Grunt y, por supuesto, Hum of the Druid son apenas algunos de los artistas que han logrado calibrar texturas y timbres propios del metal en sus propios discursos sónicos con efectividad.

Un caso similiar puede evidenciarse en el dueto norteamericano Deathstench. Queriendo acentuar una naturaleza tanto más afín al metal que a los subgéneros post-industriales desde el mismísimo arte de portada, Deathstench presenta “Massed in Black Shadow”, un álbum en que el dueto realiza un contundente crossover entre distintas variantes del metal y el noise. A través de los seis cortes que conforman este trabajo, Deathstench ofrece generosas muestras de un sonido que posee una personalidad bien definida y que combina las turbiedades de distorsiones tunélicas y graves en forma de monolíticos drones y un enfoque tonal lóbrego.

“Extractum Ex Infernis”, el tema abridor, es buena muestra de los aciertos de Deathstench en este álbum, al balancear ponzoñosas marejadas de oscurecido ruido con recurrencias proto-doom sin permitir que se sientan forzadas o inconexas. Las vocales, repletas de distorsión, se escurren justo entre esos borrosos recovecos que separan los estilos del power electronics de los del metal más oscuro. Se trata de una instantánea de un inesperado momento de acumulación inmediata, donde se reúnen fuerzas al punto del desborde, solamente contenidas por ese flujo, veloz  a pesar de la espesura. “Corpse Upon a Throne of Worms” refiere sin pensárselo dos veces a Sunn O))), a través de la adhesión de Deathstench a una recurrencia obcecada en apenas un par de acordes de guitarra grave y expresamente distorsionada y las rugosidades de ruido orbitantes alrededor.

“Symbols of Warm Flesh” regresa a la rúbrica vertiginosa del primer tema, como ofreciendo los retratos de una psicodelia negativa, oscurecida y vuelta un vórtice de emanaciones enfermizas. Este delirante corte comunica una ansiedad angustiante, como si se tratara del preludio a algún momento menos elusivo estructuralmente, pero en vez de ello permanece en una inmanencia similar a la de los momentos más fumados del ruidero que Double Leopards registraran en sus cdrs en vivo. “Circle of Black Blood” regresa la dirección al juego de las oposiciones, con un doom recalcitrante que cobra la forma de deslaves de espesísimas tonalidades graves que avanzan a la par de acordes de quintas súper engrosadas por distorsión  y e.q. y vocales que mezclan lo gutural con los susurros.

“Shrine of Viscera” registra un gusto lo mismo por el chisporroteo agudo del noise más estático que por la trepidante agilidad del black metal a través de blast beats efectuados en una caja de ritmo y un miasma de riffs purulentos. La cerradora “Bastards of the Black Flame” llega a un final comparativamente menos contundente que el resto de los temas, al sostener imágenes fantasmagóricas a través de líneas melódicas tenebrosas y algunos sonidos concretos de manera evidentemente más improvisada. Nuevamente intervienen con su potencia las voces resquebrajadas y espesas y los acordes someros y casi inmóviles, aunque en esta ocasión evidenciando mayores limitantes.

En general, “Massed in Black Shadow” me pareció uno de los trabajos más atractivos que he tenido oportunidad de escuchar de este tipo de combinación genérica. Esto, sobre todo, porque más allá de la peculiaridad de su exploración sónica, “Massed in Black Shadow” se trata de un álbum poseedor de un sonido tan pleno y envolvente que resulta sumamente difícil de ignorar. “Massed in Black Shadow” es un álbum que invita a múltiples escuchas subsecuentes y que exige al escucha explorar los rincones más oscuros de la psique a través de una espesa contemplación introspectiva. (s.s.)

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Raime – Quarter Turns Over a Living Line (Blackest Ever Black, BLACKESTLP001, 2012)

En más de un sentido, “Quarter Turns over a Living Line” constituye una anomalía, lo mismo dentro del esquema de la avanzada genérica/retro que Raime podrían parecer representar, como desde la sorprendente profundidad que alcanzan con su proyección sonora. “Quarter Turns over a Living Line” aleja a Raime del pastiche proto-house que ha llevado a la fama a Lee Gamble y del sentimentalismo neo-goth de Lebanon Hannover o Tropic of Cancer. Con su lp debut, Raime se acerca tanto más a las humeantes densidades post dub de Scorn, a las profundidades sintéticas de Pan Sonic o la mecanicidad implacable de Regis.

Raime no proponen música de estridencias radicales; muy por el contrario, su despliegue de sonoridades es aterciopelado y se desliza con una gracia sutil y meticulosa. “Soil and Colts”, por ejemplo, es un tema poseedor de una dinámica rítmica cabal, en lo más mínimo precipitada sino conducente hacia los tersos páramos de densas ensoñaciones e introspección. Y a pesar de su inflexible certeza maquinal, y del nada ingenuo filo de su producción, este tema posee más de paisajismo sónico a lo Earth, que de ferocidad industrial. Temas como “The Walker in Blast and Bottle” y “The Last Foundry” reflejan lo más vibrante y contagioso del minimal techno, pero sin dejar de lado una extensa exploración de instrumentación que se expande a conveniencia, sabiendo optar lo mismo por los recursos electrónicos que por los acústicos aprovechando la presencia y la extensión de los timbres distintivos de cada uno de sus elementos.

Es muy difícil escribir acerca de este disco, puesto que registra uno de esos raros momentos en que elementos disparatadamente divergentes coinciden y generan una amalgama verdaderamente funcional. Uno como reseñista siempre se quedará corto ante la representación de este tipo de experiencias sónicas, sobre todo al tratarse de una tan discretamente radical (idealmente, a degustarse en doble vinilo y a todo volúmen).

Sería imposible afiliar el estilo que Raime exhiben en esta placa a un solo género: basta buscar opiniones en la web para darse cuenta de cómo el refinado sincretismo de este dueto londinense ha hecho volar la imaginación de sus escuchas (inclusive delirantes etiquetas como “doom ambient” parecen cobrar su cuota de sentido justificadamente). “Quarter Turns Over a Living Line” es un disco impecable, desde el fabuloso e inquietante arte de portada—que dicho sea de paso, resulta un acertado indicador de la música contenida—, hasta su sonido prólijo y pasmosamente expansivo en la memoria. (s.s.)

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Nyodene D – Edenfall (Malignant Records, TUMORCD57, 2012)

“Edenfall” comienza con el tema que da título al álbum y estrepitosamente dicta el rumbo a seguir. Llanamente coléricas, las vocales parecen querer agredir físicamente al escucha a través de su vehemencia y furia, al tiempo que abren paso a la agobiante metralla de precisos loops que se destienden incontables a lo largo de  sus febriles recurrencias. La producción en el tema abridor y en cada uno los subsecuentes arroja material sonoro prístino y preciso, lo que deja al descubierto un esquema que a pesar de su relativa simplicidad funciona a la perfección.

En “Edenfall”, Nyodene D reitera algunas de las más obvias convenciones del power electronics, género al que se suscriben sin muchas sorpresas. Las vocales en temas como “Anasazi” o “Borne On Vulture’s Beak, I Am Carried Into The Heavens” están sumergidas en las mismas modulaciones de delay y flangers; las formas inciertas de los loops que conforman la mayor porción del paisaje sonoro del álbum comunican una incomodidad bien conocida por los asiduos a las pesadillas aurales de IRM, por ejemplo. Temáticamente,”Edenfall” se muestra igualmente reiterativo, explotando la convención de lo apocalíptico; inclusive en lo que refiere al diseño gráfico—de excelente factura, por cierto—, hay ecos evidentes (a los gráficos y la disposición de los textos de aquella clásica y hoy agonizante Cold Meat Industries, por ejemplo).

Lo que hace de “Edenfall” un álbum sobresaliente es en realidad su vehemencia: la impactante sensación que este álbum comunica de estar ofreciendo algo absolutamente unidireccional, que no se desviará de su camino hasta haber conseguido su único y demoledor cometido. Temas como “Damnatio Memorae”, en el cual Nyodene D une fuerzas con Shift, o “Nihilation” son feroces muros de sonido, cuyos bordes ofrecen rabiosas vocales o, de plano, rugidos, borbotones de síntesis y distorsión frenética. El ya mencionado “Anasazi” es un corte que exige atención, con su hipnótico loop de fondo, contenidas boleas de ruido modulado y, sobre todo, un excelente trabajo vocal, claro y contundente.

La producción, como ya se ha señalado, es otro de los puntos fuertes de este disco. Basta con escuchar el abridor “Edenfall” para advertir el meticuloso trabajo llevado a cabo en este rubro. En él, cada sonido insertado en la composición es registrado límpidamente y su presencia resulta congruente en registro y peso con cada una de las demás partes de la grabación. Los paneos responden a la concentración de fuerzas exclusivamente y de manera evidentemente funcional, haciendo la experiencia de escucha igualmente efectiva en audífonos que a todo volúmen en un estéreo.

En suma, “Edenfall” es un álbum cuya ambición, en muy buena medida, estriba en insertarse en la tradición del power electronics, apegándose a las convenciones. Su gran mérito radica entonces, no en su originalidad, sino en el esfuerzo por llevar estos elementos a un ímpetu y una claridad pasmosas. Como se sabe, en estos momentos el power electronics estadounidense está alcanzado una efervescencia sin precedentes y, gracias a trabajos como “Edenfall”, Nyodene D está posicionándose hacia su vanguardia. (s.s.)

J Duncan - First Recordings

John Duncan – First Recordings 1978-1985 V.1.2 (Vinyl-on-demand, VOD94, 2012)

Desde hace más de tres décadas John Duncan se ha dedicado a difuminar los confines de lo que se entiende como géneros artísticos, al tejer coyunturas que remiten a los estados más puros de lo sónico, escénico y visual. Sus performances tienden a incluir tramas interdisciplinarias que atisban inclementes en la profundidad de los sentidos y los instintos.

Tras haber sido virtualmente exiliado de los Estados Unidos—después de haber realizado uno de los actos performáticos más extremos de los que se tenga memoria—, Duncan se instaló en Tokio en 1982 y, lejos de retirarse, volcó sus esfuerzos a la producción de arte insistentemente interdisciplinar y, específicamente en lo sónico, formuló un catálogo que posee una resonancia inaudita en el arte sonoro y el noise contemporáneos. La gran mayoría de los registros de estas obras estuvo a cargo de AQM, disquera propia de Duncan, que cerraría labores definitivamente hacia mediados de los años noventas. Desde entonces, sus reediciones han sido escasas y los originales rarísimos e igualmente costosos.

Con “First Recordings 1978-1985 Vol. 1.2” se ha resuelto, al menos temporalmente, este problema. Este box-set contiene 5 vinilos que reúnen los primeros trabajos de Duncan. De modo parco en extremo, se incluyen apenas unas cuantas fotografías e información en el anverso de cada volumen y cada cubierta viene ilustrada por una pintura que asemeja trazos de blood spatter. Se ha prescindido por completo de las imágenes originales y cualquier otro objeto contextualizante.

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Organic/Creed/Kokka (VOD94.1)

El primer volumen incluye los dos temas contenidos como parte del primer release de Duncan como solista, “Organic” (AQM/LAFMS, 1979); por una parte, “Gala” registra un energético y tribalista performance solista en percusiones; por otra, “Broken Promise” conecta los orígenes de la conocida afición de Duncan con las frecuencias graves, en una sofocante pieza en directo de casi 20 minutos que posee mínimas variaciones tonales y que juega cuidadosamente con el multi-instrumentalismo al incluir repiques metálicos cuasi rítmicos y alguna trompeta. La condición en directo de ambas piezas ofrece un aire de espontaneidad que es poco común al trabajo de este artista.

La cara B presenta la reedición de “Creed,” un EP producido por AQM en 1980 que contiene algunos de los elementos más comunes de la obra de Duncan; la combinatoria de lo narrativo, lo musical y lo puramente sónico. Los sonidos usados en los primeros cuatro cortes que forman este breve trabajo poseen una peculiar cualidad rítmica a pesar de provenir de contextos explícitamente no musicales. A su vez, lo narrativo cobra un papel preponderante; la rispidez de los elementos sónicos de cortes como “Goodboy” contrasta con la claridad de la voz de su autor, la cual relata paralizantes historias de tortura, mutilación y terror. Particularmente atemorizante resulta “Happy Homes,” un corte extraído de una llamada telefónica que Duncan realizó a un programa de terapia por radio. En éste, Duncan narra un par de situaciones de violencia infantil que atestiguó durante el tiempo en que fue chofer de autobuses nocturnos y su sensación de impotencia ante la desidia institucional y su propia indiferencia. Esta cara del vinilo cierra con “Kokka” (AQM, 1983), un E.P. que reúne a Duncan con sus amigos Cosey Fanni-Tutti y Chris Carter. Los cinco cortes incluidos ofrecen la suma justa de lo que unos y otro ofrecen; ruido blanco modulado chocando con cadenciosas líneas de síntesis, ocasionales vocales actuadas confrontado grabaciones encontradas. Es un tanto difícil conciliar este material con el resto, dado que, mientras existe una cierta cualidad atemporal en la obra de Duncan, las contribuciones del dueto suenan típicamente añejas y eminentemente musicales. Con todo, estos temas poseen su gusto y constituyen un grato detalle de arqueología musical, sobre todo para los—comparativamente—muchos seguidores de la dupla inglesa.

 

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Music You Finish/Supplement (VOD94.2)

El segundo vinil contenido en esta colección incluye dos piezas más extraídas del catálogo de Duncan; la primera cara presenta “Music – You Finish” (Pinakotheca, 1982) un experimento que suponía contener materiales crudos—señales de onda corta y de una radio de policía—que el consumidor debía procesar y regresar a Duncan (queda apuntado en el anverso de la funda que solamente una persona regresó la cinta al artista). Los dos temas que componen esta cara muestran en toda su desnudez la naturaleza del sonido de los primeros trabajos de Duncan, en los cuales una modulación minimalista se vuelve proporcional a las cualidades del material empleado; el sonido brumoso y crudo que se convertiría en la marca de trabajos como “Riot” (1984) comienza a adquirir su forma e identidad precisamente aquí. La selección de sonidos compilados bajo “Shortwave” muestra una enorme gama de misteriosos sonidos—no muy lejanos a veces de los de las primeras producciones de Maurizio Bianchi, por cierto—casi imposibles de definir: chasquidos, rugidos de electrónica rítmica, oleadas tonales inciertas y flácidas, gis y mil herrumbres irreconocibles más.

Elegir el sucedáneo “Supplement” (AQM, 1983) como contracara de “Music – You Finish” fue una decisión sumamente afortunada, ya que su configuración hace explícito el empleo que Duncan realizó de los mencionados materiales crudos. La concatenación de elementos es sumamente sencilla; capa sobre capa de señales de audio incidental se va superponiendo en patrones que adquieren una  lógica propia de manera paulatina; al mismo tiempo, estos patrones se reúnen con los audios policiales y fragmentos de las conversaciones y narraciones empleadas en trabajos anteriores. Si bien la resultante no está perfectamente pulida—puesto que se trata de una sesión capturada en vivo para radio—, su configuración evidencia el modus operandi de Duncan a detalle, ofreciendo una perspectiva sumamente clara a trabajos posteriores que han perseverado en su oscuridad y misterio.

 

SONY DSC

Riot/Probe (VOD94.3)

Con el tercer capítulo de esta compilación llega un punto culminante en la carrera de John Duncan, el ya mencionado “Riot”, álbum que probablemente constituya su obra más célebre. El fascinante acto de reciclaje artístico que el artista puso en efecto con “Supplement” llega a una maduración plena en este trabajo, que, a través del escudriñamiento de sendas inexploradas y la conformación de incertidumbres, perfila algunos caracteres sónicos fundamentales del noise. El primer corte, el epónimo “Riot”, es un transgresor pastiche de basura sonora que establece formas a partir de la naturaleza residual de sus componentes; la brevedad con la que estas estructuras se cimientan contrasta con la que son desbaratadas para erigir una nueva y frugal forma. A pesar de ser las únicas constantes, la baja fidelidad y la densidad no logran ocultar la riqueza sonora de los materiales que componen este tema: profundos drones salpicados de reverberación, desplantes atonales, desquiciantes explosiones de frecuencias indefinidas, voces ahogadas tras masas de distorsión generada por posicionamientos fuera de sintonía y hasta algún riff de Tony Iommi. El tercer corte, “Last Words,” resulta igualmente fascinante, sobre todo por su aprovechamiento de la cadencia natural de las ondas sinusoidales capturadas en su grabación. La resultante de la combinación de su constancia y su inherente cualidad inquietante con frecuencias fracturadas, voces mecánicas y otros nebulosos objetos sonoros es mesmérica y reminiscente de algunos de los mejores momentos de The Hafler Trio. El precedente y breve “Hungry” contextualiza nuevamente a través de la voz del artista: “Riot” no es meramente ruido maquinal e inhumano por sí mismo; tras esta madeja de sonoridades displicentes hay un ordenamiento preciso, una linealidad coherente, una voz dispuesta a ofrendar todo su cinismo y crueldad al planteamiento de una problemática existencial. “Yoika” cierra este aplastante ciclo con la constancia de una percusión maquinal sumamente abierta y, nuevamente, vocales (aunque ahora incomprensibles para este redactor por su ignorancia del idioma japonés, pero si tiene alguna validez como indicio, sería bueno señalar que el traductor y narrador de este tema decidió permanecer anónimo).

Por si hiciera falta, un fragmento de “Probe” (AQM, 1983) fue agregado para cerrar el álbum. Se trata de un tema que muestra una versión relativamente más amigable de la manipulación de frecuencias rescatadas de una radio de onda corta. Nuevamente, la grabación resulta sorprendente por su sustancial contenido tonal y textural, al grado que no sería difícil pensar que los sonidos deambulando por este tema proviniesen de un sintetizador. A pesar de ser relativamente inquietante, en este tema, sin embargo resuena una cierta dulzura que contrasta con la cuadratura y el peso del total de “Riot.” Con todo resulta una grata adición.

“Riot” se había encontrado descatalogado desde su última edición en 1991 a cargo de Dark Vinyl. Es un álbum de una trascendencia única, sobre todo dado lo incomparable de sus cualidades abstractas y sintéticas en la expresión de ideas a través de sonido puro.

Move Forward

Move Forward/Brutal Birthday Soundtrack (VOD94.4)

Para abordar el siguiente capítulo en la discografía de John Duncan, resulta necesario regresar brevemente en el tiempo. Como consecuencia de lo que señala como una intensa problemática personal hacia principios de la década de los ochentas, Duncan buscó castigarse. Su cilicio sería sufrir una vasectomía tras haber gastado su última semilla en un cuerpo sin vida.

Duncan viajó a alguna ciudad fronteriza de México—¿dónde más?—y consiguió un cadáver, en el cual práctico sexo por última vez antes de quedar estéril por voluntad propia. Duncan difuminó los límites entre lo que es artístico, personal, y psíquico al emplear la grabación de este suceso como obra dentro de la muestra de arte “Public Spirit” en 1980. La reacción al tema resultante, originalmente presentado en radio, fue de un rechazo casi absoluto por la comunidad artística de la que Duncan formaba parte, al grado que decidió exiliarse a Japón.

Es difícil pensar en obras que provoquen tantas interrogantes como ésta. Cubierta por un hálito de ilegalidad e inmoralidad, “Blind Date” conecta y conduce, sin escalas, a una primordialidad absoluta, en la cual sexo, vida, muerte y arte se entrelazan y contradicen mutuamente. La premisa de Cassirer de que el hombre es un animal simbólico es llevada en esta obra al borde de la enfermedad psíquica; la representación simbólica, poliforme e inasible en su significación, es lograda a través de acciones claras, contundentes e ineludibles y sus terribles, pesadillescas consecuencias son acatadas para así cerrar el ciclo de este castigo.

“Blind Date” es la gran omisión de esta recopilación, aunque su espíritu está de algún modo presente en el testimonio de una carrera que no ha dejado de generar cuestionamientos, siguiendo una dinámica estrictamente propia, que no se da por enterada de modas, vertientes y otras nimiedades. Sobran las explicaciones para la ausencia de “Blind Date”; 32 años después de haber sido realizada, la acción que le dio origen sigue generando polémica e incomodidad, como pudo observarse en el intenso debate que hace un par de años provocó su adición y consecuente salida del famoso blog de descargas Mutant Sounds. La que sí hace una aparición es su contracara en la cinta “Pleasure Escape” (B-Sellers, 1985)”, la cual originalmente la contenía. Este tema, “Move Forward, Film Soundtrack” es una suerte de combinatoria entre el trabajo pasado de Duncan con radio de onda corta y el más cercano, de tintes más profundamente performáticos y filosóficos.

Este extenso corte crudamente aborda el tema del amor. En la épica oscuridad de su primera parte, “Move Forward, Film Soundtrack” se antoja más cruenta incluso que “Blind Date.” Sonidos de lo que parece ser un acto sexual desesperado y violento o una cruenta agonía—o ambos—se unen a fantasmales emisiones radiales, dotándolas de un aura cáustica y amenazante. ¿Está el amor malentendido cuando se le comprende como sexo o fanatismo, o es que al final todo se reduce al instinto y las sendas que traza? Las racionalizaciones exhaustivas eventualmente producen consecuencias, algunas terribles; la ilustración más idónea es el fragmento de audio de “The People’s Temple Choir”—una famosa grabación que registra las poseídas voces de Jim Jones y algunos de sus seguidores—que cierra esta cara del álbum. “Move Forward, Film Soundtrack” da cierre a un ciclo de propiciación de funestas elucubraciones. Como muestra este tema, el extremismo de Duncan jamás es escandaloso, sino acompasado, meditabundo y preciso y jamás apunta a lo superficial, sino que va directo a la médula.

La cara B de este vinilo registra algo ligeramente más inmediato. Desde sus primeros trabajos como miembro del legendario colectivo Los Angeles Free Music Society (L.A.F.M.S.) , Duncan ya había propuesto la formación de una agrupación en la que él tuviera que interactuar con algún otro colaborador, aunque sosteniéndose como el único integrante estable a través de sus presentaciones y grabaciones. El nombre de este proyecto fue CV Massage y realizó algunas misteriosas e inciertas intervenciones en la discografía de Duncan. De hecho, en la primera edición en disco compacto de “Riot”, “Move Forward, Film Soundtrack” realizaba su primera aparición digital, aunque cediendo el crédito a esta agrupación—supuestamente complementada por—los virtualmente desconocidos—Katsu Mizumachi y Yasunori Taniguchi.

“Brutal Birthday Soundtrack” es  el tema que cierra el cuarto episodio de esta colección y su crédito corresponde a CV Massage, bajo la alineación recién mencionada. Se trata de un corte, en cierto sentido, radicalmente diferente al común de las producciones que Duncan estaría realizando alrededor de dichas fechas, en cuanto a que se trata de un continuo, sin variaciones radicales de estructura ni de registro. Solamente hay una cierta electrónica herrumbrosa y gris, embotada y tan nebulosa, que no permite pasar detalle o brillo alguno, más que el ocasional y efímero llanto de un chillido de feedback desperdigado al azar. Al compararlo con las demás piezas contenidas en esta colección, podría suponerse que “Brutal Birthday Soundtrack” no tiene más razón de estar incluida en ella que ofrecer el registro más completo posible de la primera actividad de Duncan. Un punto bajo, no necesariamente malo, pero tampoco a la altura de los demás temas contenidos en este box set.

Phantom

Phantom/Purge (VOD94.5)

Con el quinto episodio de esta colección, el rumbo vuelve a planos elevados. Hacia 1984, ya propiamente reubicado en Japón, Duncan comienza a trabajar en una serie de cinco películas pornográficas que sería conocida como “The John See Series”. En 1994 RRRecords pone a la venta el que resultaría convertirse en el disco de mayor circulación de Duncan, “John See Soundtracks”, el cual recopila una posible banda sonora para la serie, la cual debería o podría además ser modificada por el escucha/usuario para generar una creación propia.

“Phantom”—corte que constituye la cara A del quinto vinilo—es el soundtrack explícito que Duncan habría realizado para una edición de video de formato largo de esta serie que jamás sería publicada. Este tema fue originalmente presentado como la cara B de la cinta “Gain” (AQM, 1985), que además daba crédito a Paul Hurst—quien no es siquiera mencionado en esta reedición—. Tratándose de Duncan, resulta obvio que esta banda sonora habría de alejarse por completo del grueso de aquellas que habitualmente acompañan las cintas porno. Este extenso corte es particularmente incómodo, al mezclar secos registros de sonidos sexuales con audio extraído de su  bien conocida carpeta de audio. La fluctuante presencia de los fragmentos que la componen hace de su estructura una serie de esquivas apariciones aurales, o como el mismo nombre del tema lo indica, fantasmas.

Esta inasibilidad persiste en el tema incluido en la contracara. “Purge” fue utilizado originalmente como la extensa contribución que Duncan realizaría a la legendaria recopilación “Journey Into Pain” (Beast 666 Tapes, 1987). Una suerte de paulatina dilución puede presentirse en este corte; Duncan sigue empleando los mismos sonidos aunque de un modo cada vez más abierto y granular. Lo atmosférico cobra preponderancia y comienza a difuminar la carga sonora, anteriormente brutal, del trabajo de su artífice. Como una suerte de preludio a la futura carrera de su autor, “Purge” ofrece un atisbo en las regiones más oníricas y meticulosamente organizadas que Duncan exploraría en álbumes como “The Nazca Transmissions” (Planam, 2009), o su trabajo junto a Michael Esposito, “There Must Be A Way Across This River” (Fragment Factory, [FRAG20], 2011).

Early Cooperation Works

Early Cooperation Works (VOD94.6)

Como extra coleccionable, esta recopilación incluye un 7” que contiene material de archivo inédito. En la cara A vienen incluidos dos cortes de 1978, “Sea Chantey” y “Naked”, a cargo de una alineación de CV Massage plenamente representativa de los mejores tiempos de la L.A.F.M.S. Michael Le Donne Bhennet, Dennis Duck, Paul McCarthy, Freddy Nilsen y Tom Recchion, algunos de los más conocidos integrantes de combos como Airway, Smegma, Extended Organ y BDR Ensemble, entre muchos otros, se unen a Duncan en la conformación de dos juguetones temas, que mezclan las dinámicas rítmicas del post-punk con breves y explosivos destellos de música libre. La cara B presenta “DooDooettes on Close Radio”, un fragmento de una sesión a cargo de una variación del legendario grupo The DooDooettes, integrada por sus elementos básicos (Dennis Duck, Fredik Nilsen y Tom Recchion) y con la adición de Duncan. Como habitualmente, su música está basada en lo libre, aunque siempre es pletórica en comunicación y unidad. Tintes de jazz se funden con una rítmica constante y potente entre disrupciones instrumentales delirantes.

En relación a los demás temas reunidos en esta colección, el interés que estos últimos podrían llegar a despertar en los seguidores de la rúbrica más oscura y tóxica de Duncan podría llegar a ser limitado. Se trata de interpretaciones que abordan una dirección inequívocamente transgresora aunque desde un nivel tanto menos intelectual y personal. En cualquier caso, ambas caras de este 7” fungen como una idónea ejemplificación de la versatilidad de John Duncan, un artista que ha optado por operar desde la oscuridad para trascender los núcleos de las limitantes genéricas y sociales que constriñen a una buena proporción de las ofertas del arte actual.

Sin duda, “First Recordings 1978-1985 V1.2” se trata de una inversión cuantiosa, pero, en opinión de un servidor, lo vale con creces. Esta colección reúne material tangencial casi imposible de encontrar en un formato que privilegia la complitud y el cuidado. Existe otra antología tanto menos exhaustiva, publicada en 2006 por Errant Bodies y llamada “Work:  1975-2005”, que puede funcionar como una más concisa introducción al trabajo de este artista e, incluso, fungir como complemento gráfico—un aspecto en que adolece—a la colección reseñada—.

No obstante, si se cuenta con los medios, lo acertado sería ir a por ella. Es una antología francamente difícil de superar.

ss

Rudolf Eb.er - Extreme Rituals

Rudolf Eb.er – Extreme Rituals (Erratum, EM007, 2012)

Toparse por primera vez con un álbum de Rudolf Eb.er—tanto como Runzelstirn & Gurgelstock o como miembro de Schimpluch Gruppe—constituye generalmente una experiencia cuando menos chocante. Sus composiciones son imposibles de ignorar por sus incomparables y enervantes medios de expresión, los cuales privilegian gritos, trinos, golpes, ladridos, gruñidos y silencio por sobre cualquier elocución que convencionalmente pudiera considerarse articulada.

Su incisivo afán—más allá de su ideario estético—parece ser el de no dejar a un solo miembro de su público indiferente. Y verdaderamente es difícil no experimentar uno de sus álbumes sin un cierto dejo de incomodidad o angustia. Pero con Eb.er no se trata meramente de generar expresiones soeces para escandalizar; nunca lo ha sido. Lo que es más, su larga trayectoria como artista sonoro—este año se celebraron los 25 años de la fundación de Schimpluch Gruppe—lo ha visto consolidar la calidad y la fuerza de sus proyecciones paulatinamente, evidenciando el complejo estudio que ha venido realizando de su materia prima sónica y de sus posibles disposiciones, potenciaciones y efectos.

“Extreme Rituals” ve a Eb.er llegar a un control cabal de sus elementos. A una madurez en que la fluidez y concordancia de los sonidos que dan sentido a sus composiciones se sienten naturales y naturalmente exactas. No sería fácil recurrir a un álbum en que Eb.er participe en—digamos—la última década, sin ser capaces de observar los mismos elementos que se destienden a lo largo de las dos caras de este álbum. Pero lo que sin duda sería difícil es comparar la fortaleza, precisión y visión con que Eb.er concatena estos mismos elementos en el presente.

En los dos cortes que comprenden cada una de las caras de este álbum, Eb.er articula combinatorias en apariencia completamente disímiles, al concatenar audio encontrado y grabaciones de campo con violentos gruñidos, golpes y gritos femeninos. El ritmo de ambas piezas parece estar, en buena medida, basado en un sistema prácticamente metabólico, que refiere a los propios movimientos de Eb.er, a sus gesticulaciones, a su respiración, a su pulso. Los prospectos de percusiones, de tan mecánicas, remiten a lo mayormente orgánico, a ritmos cardiacos, jadeos, exhalaciones, coitos, estertores.

El contenido de este álbum remite con obviedad a una serie de exploraciones a las que Eb.er ha estado recurriendo con cada vez mayor frecuencia y que ponen de manifiesto la naturaleza complejamente irracional y vehemente de sus presentaciones y creaciones. Tras enfrentar “Extreme Rituals” resulta fácil entender por qué su creador quiere distanciarse con tanta prisa de las limitantes que hoy día componen lo que antes solía ser un género tan libre, el noise.

Las dos piezas se funden mutuamente en un collage que une lo incompatible y lo hace uno solo con una fluidez difícil de creer. Ambas son parte de esa unidad, pasmosamente cada vez más lograda,  que es el trabajo de Eb.er, conciliador de arte y ritual. “Extreme Rituals” no sólo es una excelente continuación a su trabajo en progreso, sino además una perfecta introducción para el primerizo. No puedo garantizar que sea del agrado de todos, pero sí insistiré en que no dejará a nadie indiferente.

ss

 

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